

No es por hacer depresivo mi blog, pero como saben quienes leen este espacio, escribo acerca de lo que me pasa y de lo que siento. Perdí a mi abuelita el domingo pasado 17 de mayo y quería de alguna manera expresar lo que significa para mi María Soto de Cancino.
Empezaré diciendo que nunca me gustó mi nombre, pues siempre me ha parecido muy común, el más común de todos: María y lo peor es que mi otro nombre es tan raro que tuve que usar este nomás. Cuando yo pregunté por qué me pusieron ese nombre tan poco original, la respuesta fue: -por tus abuelitas... -
-¿qué?, osea, esa es la razón, como tus abuelas ambas se llaman María, tú te llamas María, osea para nosotros no eres un ser único e irrepetible ni nos interesa poner un poco de esfuerzo en llamarte de una manera única aunque sea en la familia.
Bueno, en fin, todo esto para decir que me llamo igual que mi abuelita por parte de papá, María, un nombre que ella llevó con orgullo toda su vida, tanto orgullo que cambió la fecha de celebración de su cumpleaños al 8 de diciembre, día de la inmaculada concepción... osea, ella si estaba muy orgullosa. Nunca conocí mujer más fuerte que mi "mamá María", así la llamábamos todos incluso mi mamá que era su nuera y los hermanos de mi mamá.
Mamá María fue hija de un sastre quien le enseñó a coser muy bien, gracias a eso, tuve algunas bonitas prendas tejidas a mano de niña y luego muñecos de velour que siempre me hacía. Ella se casó con "Papá Lucho" (quien aún vive) cuando era muy joven y tuvo 7 hijos, dos de ellos fallecieron cuando eran infantes... yo que soy madre no puedo imaginar el dolor que habrá sentido ese cuerpecito fragil que con las justas llegaba al metro y medio. Mi papá fue el último de los 7 y el más mimado. Pero eso no fue lo único por lo que tuvo que pasar esta noble mujer. Cuando tenía alrededor de 5o años le dió cáncer a la mandíbula y casi se muere, pero ella luchó y después de una operación en la que le quitaron casi todo el hueso de la mandíbula pudo seguir viviendo, por eso desde que yo la conocí no la entendía muy bien cuando hablaba pues no podía articular muy bien las palabras. Aún con todo lo que la vida le había tenido preparado, cómo amaba, era amor lo que me daba cada vez que iba a visitarla o cuando me dejaban una semana en su casa. Me atendía, me engreía y NUNCA se molestaba, es decir puede ser que se haya molestado por alguna cosa pero nunca me gritó ni me llamó la atención. Ella tenía la tranquilidad y la fortaleza de un roble, esa paz interior que solo te puede dar la sabiduría.
Por lo que sé por los 29 años que la he conocido y por lo que me cuentan antes de eso, su fe la hizo superar todo obstáculo, cuando yo la conocí, iba a misa todos los DIAS, no domingos, Días y sinembargo nunca la escuché juzgar a nadie. Rezaba asimismo el rosario, esto último hizo más cuando ya no se podía levantar para ir a misa, osea los últimos 5 años. Siempre fue muy independiente e iba al mercado todos los días hasta que se empezó a caer y ya no la dejaban salir pues no quería una silla de ruedas. Tal vez lo más admirable es que los últimos 17 años, cuando ya estaba entrando al ocaso de su vida, se hizo cargo de la hija de su hermano, a quien crió como propia, a quien le dio educación y la guió como una madre, y no se fue hasta que no termino el colegio y la vio conseguir un trabajo.
"Mamá María" es admirable, es la mujer que me hubiera gustado ser. Quien diría que en un cuerpo tan chiquito entraría, tanto amor, tanta fe, y tanta fuerza; que podría ser poseedor de una paz y equanimidad confundible con la debilidad pero que encierra más fortaleza que los gritos y las patadas. Mi abuelita María me hizo sentir la favorita de los casi 20 nietos que tuvo, SIEMPRE se acordaba de mí, siempre preguntaba por mí. Yo sé que fui un poco ingrata en los últimos 3 años y que ya no iba a visitarla con la frecuencia de antes, aún así siempre la quise y la quiero y eso fue lo que le dije en el hospital minutos antes que se fuera con Dios, pues no hay otro lugar al que una mujer así puede ir.